En la Edad Media se tenía idea de la existencia de determinadas razas con características concretas debidas, seguramente, al entorno de crianza. Así existían los toros navarros, los de Castilla y los de Andalucía.
La nobleza era la encargada de proveer de toros los festejos que se organizaban, sin ningún criterio y sin ningún compromiso en cuanto al comportamiento de los animales.
Los toreros preferían los toros andaluces a los toros navarros por encontrarlos más aptos para la lidia tal y como se concebía entonces. Hay razones para entender estas preferencias: en Andalucía existían grandes extensiones de terreno donde pastaban los toros y los vaqueros que de alguna manera los cuidaban y los conducían a la plaza no entraban jamás en contacto directo con ellos, utilizando siempre el caballo.
En cambio, los vaqueros navarros y de la zona del norte de la Península, debido a la configuración del terreno donde se encontraban estos toros, no podían utilizar el caballo, sino que tenían que hacerlo a pie, por lo que repetidamente tendrían que burlar la acometida de los toros con recortes y quiebros. El toro con estos recortes aprendía, por lo que los lidiadores encontraban en ellos unas dificultades que no tenían los toros andaluces.
En la zona francesa de la Gascuña -también llamada Aquitania-, de herencia vasca (Gascoinia-Wasconia-Vasconia), estos recursos se popularizaron y se convirtieron en el divertimento tradicional de los gascones.
En la actualidad, en el mes de octubre, se celebra el Campeonato de Francia de recortadores y Saltadores, conocido también como Carrera de Las Landas.

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