11 de julio de 2010

LOS ORÍGENES DE LA TAUROMAQUIA, Parte Tercera: distintos tipos de toros y toreo landés

En la Edad Media se tenía idea de la existencia de determinadas razas con características concretas debidas, seguramente, al entorno de crianza. Así existían los toros navarros, los de Castilla y los de Andalucía.
La nobleza era la encargada de proveer de toros los festejos que se organizaban, sin ningún criterio y sin ningún compromiso en cuanto al comportamiento de los animales.
Los toreros preferían los toros andaluces a los toros navarros por encontrarlos más aptos para la lidia tal y como se concebía entonces. Hay razones para entender estas preferencias: en Andalucía existían grandes extensiones de terreno donde pastaban los toros y los vaqueros que de alguna manera los cuidaban y los conducían a la plaza no entraban jamás en contacto directo con ellos, utilizando siempre el caballo.
En cambio, los vaqueros navarros y de la zona del norte de la Península, debido a la configuración del terreno donde se encontraban estos toros, no podían utilizar el caballo, sino que tenían que hacerlo a pie, por lo que repetidamente tendrían que burlar la acometida de los toros con recortes y quiebros. El toro con estos recortes aprendía, por lo que los lidiadores encontraban en ellos unas dificultades que no tenían los toros andaluces.
En la zona francesa de la Gascuña -también llamada Aquitania-, de herencia vasca (Gascoinia-Wasconia-Vasconia), estos recursos se popularizaron y se convirtieron en el divertimento tradicional de los gascones.
En la actualidad, en el mes de octubre, se celebra el Campeonato de Francia de recortadores y Saltadores, conocido también como Carrera de Las Landas.

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